domingo, octubre 03, 2010

El Cabrero, cuando la apariencia es esencia

Cuando se es lo que se aparenta, entonces ya no se aparenta y la posibilidad de crear se convierte en algo más que un arte. Aquello que uno expresa como la forma de ver la complejidad del mundo no tiene cómo ni por qué, sino que se se transforma en conocimiento revelado.

Ser esencial, pese a esa diminuta condición de la existencia, permite arrasar con la infinitud.

Para Ser, no hace falta ser extraordinario, ni encantador, ni impresionante, ni positivo, ni increíble, ni aventurero, ni nada. Para Ser sólo hace falta cumplir con mandato de Hermes: como es arriba es bajo, como es adentro es afuera… Quizás esta afirmación parezca frívola o leve, sin embargo, en esta obra de un solo acto, en este viaje existencial y esencial, es más fácil perderse que encontrarse.

Dice El Cabrero que «… me gusta la gente que siempre tiene algo que decir […]» y digo yo que me gusta El Cabrero, José Domínguez Muñoz, porque ha decidido realizar su búsqueda siguiendo la huella de los ancestros, de aquellos los que tienen algo para decir y aconsejar, de los que han escrito el mensaje secreto un poco con sangre y un poco con letra.



Aunque le parezca mentira, es El Cabrero, él mimo, quien canta el último organito, el último tema.



5 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué linda historia que comparte hoy usted!!
Hay historias que, como los amores cobardes, no llegan a historias, se quedan ahí... esperando quizás que alguien sensible descubra su trasfondo y las saque a la luz.
Quién hubiese pensado que un cabrero guardara en sí tanta sensibilidad? Alguien criado en el risco y trabajando desde sus 8 años podría encerrar en sí puede conmover con un alma musical y tierna? Hoy nos la presenta usted y se lo agradezco!!!

Calistor dijo...

Le vi sentado en una terraza en la calle Larios de Málaga cuando tenia 11 años y me marco el personaje por su vestimenta y porte, un aire a curro jimenez y viejo zorro de mar, que me impresiono. Grande lo que dice.

Gracias Carlos por la entrada.

Javier dijo...

Lo de cabrero es un escudo con el que él se siente protegido y seguro de tanta banalidad y mediocridad que nos rodea.
Un hombre de estar por casa que merece ser escuchado y reflexionar sobre sus palabras.

Un saludo

Flenning dijo...

Gracias a todos por sus amables comentarios.

A mi me impacta que él, con su forma de ser, asolas con su cencerro y su potajillo de garbanzos, pueda sostenerse en medio de este mundo tan demandante de apariencias y de imposturas. Es como si lo escuchara decir: Me quedaré solo, pero con mis mandamientos…. Y con mis cabras, claro.

Él es su personaje, él es Él.

Anónimo dijo...

Es una gloria visitar este blog! Tanto la lectura como la música nos invitan a paseos por nuestra sensibilidad, por el interior y el exterior. Las almas vibran aquí, al escuchar al cabrero, por ejemplo, uno se traslada a ámbitos que quizás desconocemos pero que podemos comprender y sentir, meternos en su piel, compartir o disentir, pero seguramente saldremos de nuestra caparazón para poder entender el entorno.
Me gusta leerlo, sépalo.