domingo, mayo 02, 2010

Rinoceronte, de Eugène Ionesco

Cuando las sombras que rodean al hombre no le permiten distinguirse a sí mismo respecto de los demás, como en la Alegoría de la Caverna, entonces se queda a merced de lo primitivo, se pierden las precauciones estéticas, y la lucha antropológica por ser se convierte en la lucha por pertenecer, por ser aceptado. El ser alguien pierde predicamento frente al estar con alguien.

¿Ser o estar? Para estar en la manada hay que poner bajo sospecha la posibilidad de Ser, porque el distinto molesta, y a lo que molesta se lo combate. La otra posibilidad es Ser y aceptar todos los riesgos que eso implica.

Esta contradicción entre ser y estar fue explorada por muchos autores, pero la que viene al caso es la de Franz Kafka en La metamorfosis. Su personaje, Gregorio Samsa, paga con la vida el precio de su individualismo. La forma de ser de Gregorio Samsa es subversiva y cambia libertad por drama.

¿Qué pasaría si ocurriese una metamorfosis en masa? ¿Qué pasaría si cada vez hubiese más cucarachas y menos hombres?

Quizás, ante el avance de la epidemia transformadora, haya algunos que decidan transformarse por seguir los pasos de su enamorada o de su guía espiritual; otros, siguiendo los argumentos de una lógica difusa, podrían decir que ser cucaracha no es tan malo ni tan aberrante, después de todo, pues por algo las cucarachas han logrado trascender la historia de la evolución; otros, ya vencidos, podrían aceptar la transformación diciendo que a su edad no hay mucho que perder, y que ser cucaracha le da a la vida una nueva perspectiva. También es probable que, en el límite de la obsecuencia, haya quienes recomienden la transformación diciendo que es un proceso políticamente correcto.

Y así, un hombre tras otro, un día tras otro, la epidemia transforma a los distintos en iguales. Para el nuevo conjunto, ser cucaracha ha dejado de ser algo vanguardista, revolucionario y subversivo. Bajo este nuevo escenario de transformación masiva, lo subversivo es ser normal. En este nuevo mundo, Gregorio Samsa sería de la manada y su vida tendría esperanza. Parece una contradicción.

Pero veamos un poco más esta idea. Imagine que usted es el último hombre, que aún no se ha transformado. Imagine que usted es como Robert Neville, el personaje de la película “Soy leyenda”, pero también imagine que, en lugar de ser inmune al contagio, usted tiene la libertad de decidir por la metamorfosis o no.

La pregunta que quiero hacerle es: ¿qué haría usted si fuese el último hombre, seguiría siendo quién es o capitularía para estar con la manada?

Piénsese un hombre del montón, atrapado en la contradicción burguesa, con horarios, con riesgos, con una incipiente miopía, con miedo a la oscuridad, con mala suerte. Piénsese un poco apasionado y un poco aposentado. Piénsese solo, muy solo. Su amada, su jefe, sus amigos, sus vecinos, el almacenero, el dueño del bar de la esquina, los bomberos, todos, todos se transformaron.

En los programas de televisión solo se ven cucarachas: cucarachas jugando partidos de fútbol, cucarachas leyendo las noticias y cucarachas vendiendo productos matahombres.

Recuerde que en ese mundo su lenguaje es insuficiente, su perspectiva humana a nadie le sirve, su lógica de predicados es inútil para las cucarachas. Sus códigos estéticos son despreciados. Vuelva a pensarse solo, con todo lo que implica. El signo de la condición Ser hombre cambia de positivo a negativo.

¿Se pensó? Bien, entonces vuelvo a preguntarle: ¿prefiere Ser o estar?

Quiero confesar que, en realidad, fue Ionesco el que me planteó la misma pregunta. Él no propone un escenario de cucarachas, sino de rinocerontes, pero, no obstante, me parece que el conflicto antropológico es exactamente el mismo. Si usted es de los que se llevan mejor con los insectos que con los paquidermos, quizás la metamorfosis en cucaracha le dé menos impresión que la otra pero, como le decía, creo que el problema no es en qué transformarse, sino cuánto es usted capaz de transformar de usted mismo a cambio de ser aceptado. ¿Cuándo desea dejar de Ser para poder Estar?



Parece absurdo imaginar una metamorfosis y un escenario semejantes; sin embargo, en el mundo de Ionesco, lo absurdo no solo es lógico, sino que esa lucha antropológica y social entre el individuo y el grupo es tangible. Tan a la mano está la lucha que describe Ionesco, que no es difícil imaginar en nosotros renuncias más sutiles, más dóciles y menos espantosas. Algunos hemos cedido, por ejemplo, frente a las ideologías, las tendencias de la moda, los símbolos sexuales, los horarios de la siesta, los gustos gastronómicos…


Acto I

...
Juan (a Berenguer, casi gritando para hacerse oír por encima de los ruidos que no percibe conscientemente): No, es cierto, no me invitaron. No me hicieron ese ho¬nor. .. De todos modos, puedo asegurarte que incluso si mi hubieran invitado, no habría ido porque...

(Los ruidos se han vuelto tremendos). ¿Qué ocurre?

(Los ruidos del galope de un animal poderoso y pesado son muy cercanos, muy acelerados, se oye su jadeo). ¿Pero qué es eso?

La camarera: ¿Pero qué es eso?

(Berenguer, siempre indolente, sin tener aspecto de oír absolutamente nada, responde tranquilamente a Juan en relación con la invitación; mueve sus labios, no oímos lo que dice; Juan se levanta de un salto, ha¬ce caer su silla al levantarse, mira a los bastidores de izquierda, señalando con el dedo, mientras que Be¬renguer, siempre un poco en las nubes, se queda sen-tado).

Juan: ¡Oh!, ¡un rinoceronte!

(Los ruidos producidos por el animal se alejan a la misma velocidad, si bien ya se pueden distinguir las palabras que siguen; toda esta escena debe ser representada muy rápido, repitiendo). ¡Oh!, ¡un rinoceronte!

La camarera: ¡Oh!, ¡un rinoceronte!

La almacenera (que muestra su cabeza por la puerta del almacén): ¡Oh!, ¡un rinoceronte! (A su marido, que se ha quedado en la tienda). ¡Ven a ver rápido, un rinoceronte!

...

Respecto de las capitulaciones gastronómicas, me pregunto si a las cucarachas y a los rinocerontes les gustará la tortilla de papas, porque la verdad es que no imagino un mundo sin esa exquisitez.



7 comentarios:

Rubén Lijó Sánchez dijo...

Muy bueno este artículo... La verdad es que da bastante que pensar, y eso es algo que actualmente parece estar olvidándose.

Gracias por la entrada.

Un saludo ;)

Viejex dijo...

Renunciar a la tortilla de papas...no, mi viejo. La tortilla de papas no se mancha!

Mentira, a quien engaño? he renunciado a tantas cosas ya...

Flenning dijo...

Rubén: Muchas gracias. A veces uno cree que construye un espacio de resistencia y a poco de empezar torpemente descubre que es otro del montón que no quiere ser del montón.

Viejex: Ya que confiesa que capituló me animo a preguntarle, de cucaracha a cucaracha: ¿usted le pone chorizo colorado a la tortilla? ¿Y un poquito de nuez moscada al huevo? No se lo pierda.

Susan dijo...

Gracias Carlos, no es lo habitual que lo que lees te descoloque y te ponga en otra lugar que no sospechabas al empezar a leer.
Pensar, reflexionar, resistir, tal vez te haga descubrir que eres "otro del montón que no quiere ser del montón".
Pero eres, no sólo estás y esa "torpeza" me parece "notable" y muy deseable/deseada.

Un saludo ;)

Anónimo dijo...

Pienso y analizo su pregunta.
Como dice Viejex aunque luego se retracte, hay cosas a las que no se renuncia. La esencia, aún cuando decidamos transformarnos, creo, no cambiaría.
A lo largo de la vida vamos cambiando, mutando, evaluando conductas que, si bien en un momento nos parecieron correctas, pasado un tiempo y muchas experiencias, comprobamos que son erróneas. Es el aprendizaje. Si permaneciéramos inmutables sería un indicador de que todo lo vivido fue en vano.
Tal vez no lleguemos a ser cucarachas , ajjj, me gustaría más pasar de crisálida a mariposa. Y aún así jamás renunciaría a disfrutar una exquisita tortilla de papas ;))
Si lo felicito, seria excesivo? Pues tampoco renuncio a eso... Lo felicito!!!

Flenning dijo...

Susam: Dicen que ionesco, en alguna de sus conferencias a los estudiantes, se despidió gritando “serán burgueses”. Yo, en esto de resistor y de ser burgués, sólo puedo decir que debo de ser uno de los pocos sujetos en el mundo que no usa teléfono móvil. Es un espacio de resistencia minimalista y absurdo, pero es algo.

Anónimo 1: Un día de estos se van a poner de moda los flacos escopetas y ya quiero ver cómo hace para justificar un hijo anoréxico que, para colmo de males, no quiere probar la bendita tortilla.

Anónimo dijo...

en estemundode cucarachas,rinocerontes,jirafas,mariposas y ratas,quizás Don Flenning sea una cucaracha albina, especial,unico,como algunos cuantos
no se resista¡¡¡¡
es irresistible por naturaleza