martes, mayo 19, 2009

Caballos desbocados, de Yukio Mishima

El juez Shigekuni Honda es, según algunas interpretaciones, quien transporta el mensaje de la contradicción que ronda la escritura de Mishima, al menos en esta obra. Según esas interpretaciones, la lucha interior de Shigekuni Honda motiva nada menos que el título de la obra.

¿Puede un juez, armado con su lógica tenaz y estricta, enfrentarse al contraste de valores que existen en el centro de un corazón apasionado? ¿No es una contradicción juzgar la pasión?

En el corazón de Honda parece librarse una batalla entre lo que señala tan rígidamente la ley, ese amasijo estricto de hechos y derechos, versus un pandemónium de almas que se ilusionan hasta torcer la norma, la pauta. Esta batalla se presenta tan desigual, tan ardua, que desboca a los caballos que arrastran el «carro de lágrimas» de la vida del juez.

Yo creo, sin embargo, que si bien la contradicción es un signo inequívoco de Mishima, no son precisamente las contradicciones del personaje Shigekuni Honda las que lo hacen perder los estribos del carro de su vida y motivan el título de la novela, al contrario: «… Su claridad de alma (la de Honda) había por fin regresado. Sentíase ahora completamente igual a todos aquellos hombres que le rodeaban y que, como él, habían venido al teatro de Nô con el fin de escapar a las rutinas cotidianas [...]».

Honda es un sujeto temerario a la hora de exponer sus ideas. Su lógica es solo una herramienta y su elevación espiritual le concede muchas más libertades que las del simple análisis. Él se atreve a dejar a un lado su lógica de penalista para abordar la idea de la conciencia Anaya y admitir, incluso, que esta puede estar corrompida. La conciencia Anaya, la conciencia más elevada puede ser en sí misma, karma. Esta idea, creo, le permite a Honda, valorar la justicia antes que lo legal, y es así como se desprende de su atuendo de juez para adoptar el rol de abogado y aceptar la defensa de Isao Inhuma, el verdadero protagonista de esta historia.

Isao, como todos los personajes de esta obra, también es contradicción plena. Él es la vida, la reencarnación, la promesa, la lealtad, la devoción completa, la belleza, la fortaleza, el coraje, la convocatoria a los dioses amables..., pero, sin embargo, desea la muerte por sobre todas las cosas, las manifestadas y las no manifestadas.

Él no busca, como casi todos los héroes de esta página de leyendas, una razón por la cual valga la pena morir. El busca una muerte gloriosa, y la causa es solo un pretexto. Él sabe cómo y para qué. Desea morir con el honor de un samurai y atravesar con ese honor los seis estados de la Esfera de la Ilusión, sin pausa alguna: el infierno terrestre, el hambre del infierno, el infierno de las bestias, el infierno del pandemónium, la existencia humana y la existencia etérea.

Isao da su primer y único beso de hombre a la mujer que lo traiciona, porque lo ama: «… tambalean sus labios suavemente mientras suspiraba una y otra vez. Isao no pudo contenerse más al sentir aquella boca tan cerca y, para eliminar aquella distancia, hizo lo único posible: rozar con sus labios los labios de Makiko [...]».

Isao es, en fin, para mí, el verdadero caballo desbocado de esta tetralogía: «… De pronto, un arrebatado éxtasis se apoderó de Isao, transformándolo en un caballo que se desboca y rompe todas las ataduras. Una fuerza salvaje corría por sus brazos mientras retenía entre ellos a la mujer. La sujetó contra él firmemente, sintiendo que los dos cuerpos se sacudían como el mástil de un navío zozobrante [...]».



Esta novela de Mishima, Caballos desbocados, es la segunda de una saga de cuatro. La saga completa se llama El mar de la fertilidad y se pueden leer en desorden, o incluso saltearse alguna. No es que yo me haya propuesto comprobar esta tesis, sino que, simplemente, aún no consigo las otras tres. Las novelas que componen la saga El mar de la fertilidad son: Nieve de Primavera, Caballos Desbocados, El Templo del Alba y La Corrupción de un Ángel.

El dato curioso, y revelador después de leer la pasión de Isao por la muerte, es que el último libro, La Corrupción de un Ángel, fue culminado por Mishima el día en que se suicidó.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Captar la esencia y comprender la mentalidad de alguien perteneciente a otra cultura tan distinta de la nuestra no es fácil, su comentario demuestra la sensibilidad que lo habita para poder comprender y expresarse acerca de ello.
Si bien no leí la obra de Mishima, sí lo hice acerca de su vida y es una biografía que atrae irremediablemente. Crecer en un ambiente donde las figuras femeninas fueron tan fuertes, el no poder desarrollar sanamente su sexualidad, el estar signado por símbolos fálicos y ser uno de estos el que da fin a su vida, es tratar de buscar la esencia de su letra.
Debo agradecerle porque mi búsqueda surgió al querer saber más acerca de lo que estaba leyendo. Leerlo es hilo conductor que me llevó, como en este caso, a descubrir a un autor del cual quiero leer algo y le agradezco también la posibilidad que me da de acercarme a la obra.
Gracias!!!!

Anónimo dijo...

Gracias al lector que demostró tener tan buena onda y a usted por compartir!!!

Carlos A. Costa dijo...

Agradezco a un lector anónimo el envío de la primera novela de la saga El mar de la fertilidad: Nieve de primavera.

Anónimo dijo...

Es interesante pensar, a partir de su aporte, hasta qué punto son los códigos culturales locales los que tiñen el espíritu de trascendencia de tal o cual color.
Usted dice que el personaje no es como la mayoría de los héroes que perviven en la gloria de este blog (eso último lo digo yo).
Sin embargo, con causa o sin ella, creo que el afán por otorgarle un sentido a la propia muerte, por añadidura un sentido glorioso, depende solo del modo en que el ser humano está constituido en tanto tal.
La mente humana no tiene geografías, la geografía solo impone estilos. Creo sencillamente que, el gran dilema de la sexualidad, la muerte y la trascendencia se vuelve a plantear aquí con la contundencia y la valentía intelectual que caracteriza sus comentarios.
Muchas gracias.