miércoles, enero 21, 2009

Maitreyi y Mircea, de su amor es testigo ese cielo de Calcuta

¿Qué noche bengalí y qué embrujos fueron aquellos, Mircea, que te mantienen aún hoy, cuarenta años después, preso en esta fragua de almas?

Has vagado tú, arrepentido e insomne, entre cuentos románticos y mitos, buscando el retorno a Calcuta, El eterno retorno. ¿Cuántas veces has reconstruido la historia de tus días? ¿Cuántas veces has abierto, Mircea, la caja mágica que contenía el rizo de Tagore, la pluma de ave y el jazmín? ¿Cuántas…? Dime.



¡Cuánta nostalgia y cuánta duda noble encerrada en la poesía! ¡Cuánta fascinación y cuánta melancolía!

¿Qué extraño sudor de agonía te trae este aroma a sándalo y a especias de Siam? ¿Qué extraños escalofríos te traen los aceites de oriente?

¿Cuántas veces te has dado aliento diciendo que no han de ser tantas la pérdida y la pena?

¡Cuán breves y fragmentarios han sido los apuntes de tu diario! ¡Qué reprochable tu memoria! ¡Cuán poco firmes e impertinentes son tus eternos recuerdos!

¿De dónde viene este aroma a desayuno? ¡Cuántas mañanas olorosas y cuántas mañanas iguales! ¿Cuántas veces has conjurado aquella mañana de destierro?

¿Cuántos días te has llamado cobarde?

¡Cobarde, cobarde, cobarde…!

¿Cuántas noches has recreado la necesidad de ser sublime?

¿Cuántas veces has dicho adiós al Ganges?

¿Cuánto de lo dicho es verdad? ¡Cuánto deseas que lo sea! ¡Cuánta leyenda! Maitreyi…

¿Cuándo se ha detenido el tiempo, tu tiempo? ¿Cuándo fue ayer? ¿Cuánto hace que has muerto?

¡Cuánto silencio! ¡Cuántas voces no la nombran!

Maitreyi, Maitreyi, Maitreyi…

¿Cuántos son los que han conspirado en contra de ese amor? ¿Quiénes?

¡Cuánta impiedad y cuántos humanos poco complacientes!

¡Cuánto rechazo y cuánto desaire!

¡Cuánta casta desafortunada y cuánta embriaguez narcisista!

¡Cuánto fanatismo desconocido entre los hombres!

¡Cuánto espacio poseído de silencio!

¡Cuánto descuido y cuánta búsqueda insegura!

¡Cuánto error secundario!

¡Cuánta filosofía y cuán poca sabiduría!



«Mircea, has leído mucho ¡pero no has adquirido sabiduría alguna! No hablas como un hombre sabio. ¿Acaso el amor es un objeto material que puede arrebatársele a alguien para dárselo a otra persona? ¿Es una propiedad o un ornamento? Es una luz, Mircea, una luz, como la luz de la inteligencia, como la luz del conocimiento, así es la luz del amor. La luz de la inteligencia tiene un límite, opera sólo en una esfera, pero la luz del amor es más brillante, lo muestra todo bajo su verdadera forma. Una vez prendida el mundo entero se llena de amor. Hasta las cosas desagradables se vuelven agradables...».

¿Dónde estuvo tu fe en el azar y dónde la evidencia determinista?

¿Cuántas veces has desconfiado y cuántas otras has dicho prematuramente que no?



«Una mentira dicha por una niña asustada se convirtió en una llave dorada que abrió la puerta de esa inaccesible cueva por la cual ha salido Bhairava: oigo los pasos de Mahakala. Nataraja baila con un pie en el pasado y otro en el presente. Baila -trap-trap-trap-trap-, ascienden y descienden oleadas de risa y de llanto; las esmeraldas y los diamantes de mi experiencia yacen desparramados por doquier; la violencia de sus pisadas me ha quebrado las costillas; ¡qué insoportable agonía!... ».

¿Cuántas veces has creído ser poco amable, poco indio, poco puro, muy pálido y poco bello?

¿Cuántas veces te has ofrecido a Kali?

¿Por qué, Mircea, es más difícil renunciar al amor que a la vida? Porque no has renunciado, ¿verdad? Tú esperas, aún esperas.

¡Cuán poco significado tiene para ellos este "nosotros" vuestro!

¡Qué secreto alivio es saber que la historia existe! Tu historia atraviesa el tiempo, Mircea, llena de esperanza esperanzada.

¡Cuarenta años de espera…! ¡Más de cuarenta! ¡Cuánto ayuno!

Después de una vida y de algunos vedas, ¿podrías perdonar a Mircea, Maitreyi? Di que sí, niña poeta.

No temas, Mircea, ella perdonará tu cobardía y se redimirá de la propia. Ella hará una reconstrucción verosímil de tus recuerdos y convertirá tu amor en leyenda. Dirá que "esta es la verdad, la verdad de verdad…".

Mira, Mircea, mira lo que ha escrito tu amada. Ella vendrá hasta ti. Ella está aquí…


«El cuerpo muere, el alma es inmortal. No podemos matarla matando al cuerpo. ¿Dónde está aquel cuerpo mío, el cenador de mi vida? En este cuerpo viejo y decrépito -me encanece el pelo y tengo el rostro arrugado- el alma sigue igual, no la ha corroído el tiempo. Nadie ha logrado destruirla, ni mi padre, ni Mircea; ni el tiempo, ni mi propio orgullo, ni las ricas experiencias de mi vida. Me invade un sentimiento de inmortalidad; estoy tocando el infinito. [...] Entre aquel que piensa: "estoy matando" o aquel que piensa: "me están matando" ninguno de los dos sabe que nadie mata y a nadie lo matan. [...] La verdad que ninguna escritura sagrada podía enseñar me está siendo revelada ahora. El amor es imperecedero. Mi alma, que fue suya en aquella casa de Bhowanipur, permanece fija. El infinito fluye a través de lo finito, lo ilimitado está contenido en los límites de mi cuerpo, estoy lejos y estoy cerca, estoy aquí...».

Es de madrugada, podrían ser las dos. Estoy sola en la galería. Desde este ángulo no alcanzo a ver todo el cielo; la mitad de la Osa Mayor me mira desde arriba como un eterno interrogante –preguntas, preguntas. ¿Por qué me ha vuelto esta pregunta después de tantas décadas? Antes no entendía por qué algo así, sin trascendencia alguna, me había ocurrido a mí, pero ahora veo que no tuvo principio ni fin. Las estrellas relucen; así como hoy me miran a mí, han presenciado las cuitas de innumerables personas. El cielo atrae todo mi ser. Siento que no estoy aquí, sin embargo lo estoy completamente, ¿acaso puedo marcharme a otra parte? -éste es mi mundo. En el dormitorio mi marido duerme tranquilo, ¡cómo confía en mí! No me conoce bien, sin embargo ¡cuánto me quiere! Lo soy todo para él y aunque debe de haber sentido que lo mismo no es cierto para mí, no se arrepiente, ni yo tampoco: tengo una vida llena. “